En Notting Hill encontramos también la que fue casa de George Orwell y Portobello Market, uno de los mercados más concurridos de la capital inglesa. A finales del mes de agosto, además, acoge el carnaval jamaicano, un evento lleno de color, música y vida, combinada con montañas de basura y alcohol callejero.
Sin embargo lo que convierte a Notting Hill en un lugar tan especial son sus coloridas casas victorianas, un arcoiris inmobiliario habitado por unos pocos afortunados capaces de hacer frente al alto costo de la vivienda. Pero hay una casa que es aún más especial que las demás, y no precisamente por el color de su fachada.
Aprovechando que hoy en Londres decidió salir el Sol, Marianna me recibe en los escalones de la entrada de su casa donde, sentadas sobre unas mantas, me cuenta que hace aproximadamente dos años, su marido no quería más azúcares con los que engordar ni ella quería tirar la comida que preparaba. Así que decidió fiarse de sus vecinos al dejar en una silla en la puerta de su casa, al alcance de todos, unos frascos de mermelada casera acompañados del siguiente cartel "Mermeladas caseras £3,50 - o precio marcado - Por favor dejen el dinero en el buzón y si pueden traigan los frascos de vuelta. Gracias".
Artista, pintora y diseñadora de profesión, Marianna cultiva su propia fruta en un huerto que alquila por £50 al año, una cifra insignificante en un barrio donde el metro cuadrado ronda las 1.500 libras esterlinas. En sus ratos libres prepara laboriosamente estas mermeladas que tienen encantados a sus vecinos, como es el caso de Kris, un joven músico que se declara fiel consumidor desde que se mudara al barrio, unas pocas semanas atrás.
Y así el ajetreado e impersonal Londres parece, incluso, quedar lejos para llevarnos a un portal que tiene por bandera generosidad y confianza. Un portal donde, una vez más, quienes vuelven especial un lugar, son sus gentes.
